carne negra

Muerte como Perversión: lo Abierto y la Muerte Germinal

Takashi Miike, Visitor Q

Reza Negarestani

Introducción fragmentada*

Desde los magos del Zoroastrismo pre-islámico hasta Sade, Nietzche, Bataille y Deleuze, la investigación sobre lo abierto ha sido acompañada por al menos cinco suplementos: la vida, la muerte, el horror, el afuera y la intensidad. Lo abierto ha sido diagramado tanto como táctica y como estrategia que atraviesa estos cinco suplementos a la vez que presiona y quiebra las dimensiones que los encierran. El deseo por lo abierto ha sido considerado deseo de vida, muerte, horror, afuera e intensidad, y esta es la razón por la cual ha sido cuidadosamente adecuado tanto por el deseo en sí mismo como por la rigidez de los despotismos. Sin embargo nunca ha sido completamente bloqueado, por ejemplo, en el caso de despotismos y rigideces monolíticas, no hallamos un cierre sino una apertura estrictamente económica que hace parte indispensable de toda organización paranoica y aislacionista. En la otra cara de este panorama (aperturismo económico) la aproximación survivalista (económica, política, social, etc.) a este deseo ha sido más creativa al adecuar/domesticar lo abierto; el deseo por lo abierto ha sido domesticado mediante complejas redes económicas a través de las cuales lo abierto es traducido como costeabilidad; un horizonte survivalista distribuyendo o al menos, tratando de distribuir comunicación mediante redes, en las cuales los flujos de deseo meramente forman una compleja web de sistema de transportación, o una economía hidráulica dinámica y fluyente pero que empodera lo sólido y su complejo de circulaciones survivalistas al moverlos y transportarlos, inclusive asistiendo a la solidez en ensamblar su propia esfera de pseudo-flujos  donde lo sólido es ablandado, vuelto extremadamente dinámico, versátil y forma sus instituciones de libre juego en la medida que se mueve (tal como en un proceso fluvial/aluvial). Mediante la costeabilidad lo abierto es representado como el nivel de estar abierto y no de ser abierto por (el plano de lo epidémico y lo contagioso: plagas, contaminaciones, posesiones, etc.). “Estoy abierto a ti” significa “Yo tengo la capacidad de lidiar con tu inversión” o “Yo te costeo” (esta no es una expresión intencionadamente conservadora pero es lo que surge como ruido fundamental producido por la maquinaria de diferentes niveles de organización y límite, y por la supervivencia orgánica); si excedes esta capacidad mía seré quebrantado, lacerado y yaceré abierto.

Los Zoroastras fueron los primeros que descubrieron y experienciaron la naturaleza lacerante de lo abierto y su contagioso (o mejor, contaminante) espacio, sediento de agredir dimensiones, quebrar fronteras, aspirarlas y desatar en ellas su epidemia (epidemia como avatar de lo abierto) lo cual confunde los principios de lo abierto como “estar abierto”. Deleuze habla indirectamente de los peligros del deseo de una apertura total. Erich Fromm se preocupa con argumentar sobre los severos peligros de una apertura total o no domesticada, en tanto lo abierto atraviesa la muerte, la vida, el afuera y la intensidad simultáneamente mientras empuja a unos dentro de los otros, abriendo una expansión tóxica y virulenta antes que la supervivencia y los horizontes bio-éticos, diseminando una satánica intensidad de vida dondequiera (la cual Fromm llama necrofilia, un aspecto perverso de la vida o, más precisamente, su espacio deseante: filia); en tanto lo abierto es la brutal y creativa base de comunicación de la vida, una confluencia de líneas no unitarias de filia (deseos y enlaces atrayentes) que es interdimensional; en tanto lo abierto es inminente para la vida: alzándolo todo (incluso lo no-vivo) mientras viene anónimamente desde los abismos donde se gesta la vida, pero…¿qué acecha en esa abismal sed por lo abierto que la torna tan terrorífica? ¿Cuál es la forma (o el espectro) de la Cosa desatada por una apertura total?¿ Dónde está? Tal paisaje de epidemias, muerte, apertura y deseo danza sobre la piel:

¿En qué extensión puede ser tomada la apertura a la vida? ¿Es tal abierto posible? ¿Es lo abierto un tema de bio-flosofía? ¿Acaso el proyecto Deleuziano de lo epidémico (epidemia del deseo, epidemia del ser, ser de la epidemia, etc.) que va hacia las raíces de la filia (como espacio donde se multiplican los enlaces: amor, deseo, atracción, comunicación, etc.) en el plano de la inmanencia realmente traza las líneas de aquello que Keith Ansell Pearson llama Vida Germinal[1]? Y, finalmente:¿dónde está la muerte en este abierto epidémico? ¿La necrofilia, subsecuentemente, pertenece a Edipo como “una carrera por la muerte”(Deleuze y Guattari)?

Y, así, las preguntas proliferan como una epidemia en movimiento:

Filia como epidemia 

La palabra ‘muerte’ tiene la misma riqueza de mezcla referencial y pobreza conceptual que una señal de límite de velocidad. Esta designaría un concepto únicamente si esa transición semiótica fuera entendida como una representación de velocidad absoluta antes que una incitación al libre flujo. Morir es partir, salir de un sistema de tráfico, pero esta migración no se encuentra transcendentalmente dirigida por un único destino. [2]

La vida es la meseta sexual para todo fetiche; la muerte es solo una perversión de esa meseta. [3]

En Die Seele des Menschen Erich Fromm avisa sobre una intensificación satánica de la vida que perturba los horizontes bioéticos de la raza humana; un Mar de Niebla (una plaga desconocida y sin origen) que es criptogénica (Incognitum Hactenus: desconocido-hasta-ahora) se alza desde los torcidos fondos de la vida en los cuales sobrevivir es parte broma, parte represión económica. Es la necrofilia, a la cual Fromm opone paranoica e ingenuamente  la biofilia representándola como la última fantasía de masculinidad que bulle en la dócil ansia de dominación, apropiación y monopolización dedicada a la edipalidad –Oedipality– y, particularmente,  a un régimen de lo funesto y la destrucción; por tanto, Fromm, confunde necrofilia con necrocracia debido a su inflexible biomoralidad, la cual reduce toda comunicación creativa a interacciones prisioneras dentro de la lógica de la negatividad y el discurso polarizado.

La necrofilia es la expansión en el poder de la participación de base y de entidades anónimas,  “colisiones interfiléticas” (Nick Land)[4] y el colapso de los bordes mediante el cual la muerte, como un devenir-Cero o silencio absoluto de la intensidad, se vuelve problemática. La necrofilia es un evento (en el sentido deleuziano del término) germinado a través de enlaces epidémicos o contaminantes (una comunicación inminente e inevitable que empuja a las entidades a un trastorno de proliferaciones y multiplicaciones sucediendo unas con otras) que no están muertos. Esta traición (o profunda deslealtad) de la necrofilia a la muerte es lo que los Zoroastras de la antigua Persia experienciaron y descubrieron, y codificaron esto en el Vendidad (El Libro de Leyes contra los Demonios o Leyes Anti-Druj) : la necrofilia y sus sistemas de decadencia y contaminación germinal no pueden ser coordinados con otros horizontes de muerte necro-orientados.  La necrofilia es la vida dándose un festín de muerte o una muerte infestada de vida, una inconcebible intensidad de vida (una dimensionalidad arruinante de eventos y entidades) que, como remarca Fromm (pero trata de reprimir y eludir) es inaguantable, una meseta satánica que los Zoroastras llaman Druj -Madre de las Abominaciones, de toda contaminación (basada en la participación)-.

La necrofilia no es el régimen necrocrático de Edipo o la filosofía, uno solo puede (re)modelar su historia comunicándose económicamente a través de sus racializados osarios (¿de Filósofos Muertos?), esto es filia, un arruinar estratégicamente la vida, manchado con la muerte, hasta el punto de desgastarla, liándola con sus enlaces despilfarradores, los enlaces de la filia, los enlaces epidémicos.[5]

La necrofilia sugiere un proceso de germinación que incluye el plegar, la composición, ablandado de terminales, proliferación, división, recomposición y una eterna fluidificación a través de la inmaterialidad de la filia, un compuesto de filia, en tanto la filia es el espacio donde se arma la vida, y esta se encuentra constituida por enlaces y alianzas por y a través de las cuales las máquinas deseantes se alzan y se comunican, para finalmente armar la composición de toda forma (como la necrofilia). Podríase prevenir sobre la filiativa y tendenciosa naturaleza de la filia dentro del modelo cosmogónico tal como fue sugerido por la filosofía de Empédocles y el resto de los acercamientos unitarios pero, considerando a la filia en un plano no trascendental, la filia no es poseedora ni poseíble; es solo contagiosamente abierta porque los mismos enlaces (de amor, amistad, alianza, apego, etc.) que hacen la filia, no como continente de tendencias sino como espacio para enlaces que están pestilentemente encariñados con (exactamente el significado de filia) todo, armando alianzas, transmutando todo proceso y relación en un perverso hacer-el-amor (el significado común de necrofilia es una distorsionada estantigua de este proceso) para, finalmente, alzar compuestos interconectados, para composiciones que, como Nick Land sugiere, son compuestos desenfocados[6] que no permiten que las tendencias venzan o conquisten la complejidad de los compuestos mediante la institucionalización de relaciones económicas a través de los compuestos, antes los afirma como modos de instancias efímeras de multiplicidades urgentes al compuesto. En ese espacio (la filia) nada permanece incólume en tanto las tendencias que tratan de forjar pureza están contaminadas e infectadas; todas ellas se encuentran conectadas unas con otras. La filia, aún estando escondida bajo elementos pertinentes en la tradición griega, es un espacio donde las máquinas deseantes socavan lo rígido, perturban las fronteras y las dimensiones; y la necrofilia es un evento germinado en ese espacio, una instancia de “colapso de fronteras” y de amor perverso (una anónima plaga de energía que excede y multiplica los enlaces, gestada como proceso de contagio) que no falla en incitar transformaciones dondequiera que vaya (contagiando conmociones). Encontrarse, comunicarse o tocarse con los verdaderos pestilenciales enlaces de la filia de Empédocles o de la contagiosa meseta del interphylum o del abierto epidémico[7], la resistencia, cualquier lucha aislacionista, reacción incomunicacional u oposición para permanecer inmutable se torna imposible (pero es apreciada como estrategia que intensifica el desastre, un despilfarro del proceso y un gestionar lo exorbitante). A través de la expansión de la filia todo debe participar y la participación no tiene fin, ni comienzo, ni horizonte, ni objetivo determinado de participación. Infectado por los epidémicos (contagioso y pródigo) enlaces de la filia, lo abierto es detonado en todos los niveles de sus canales de comunicación pero aún más en el plano de “ser abierto por” que en el de “ser abierto” o “estar abierto a”. Este es un abierto que abole o desordena todas las trayectorias de la economía de la comunicación, la autarquía y el insularismo: todo es terminante y rudamente ablandado y abierto; esto es lo que sucede con lo necro en la necrofilia. La filia no es una infección en el sentido de una invasión sino en el de una atracción inevitable (enlaces epidémicos: simbiosis, soporte de comunicación, parasitismo, contaminación, alianza, etc.). A través de esta apertura la filia corrompe todo lo que se ata a ella como suplementario o accesorio articulador (como con la necrofilia). La filia no responde a cuestiones de orientación esencialista o a preguntas sobre la génesis (muy simplificadamente la filia es un elemento raigal de la génesis); es el “dónde” no como pregunta sino como dislocación; la filia es la dislocación donde los eventos y las entidades se someten a un descenso sin fin; donde todo es contagioso, epidémico, composicional y sometido a un inmenso proceso de dislocación. Mediante la filia el espacio se experimenta en su apertura no acomodada/sin morada, un abierto liberado de tener que basarse en costos (J. J. Gibson) o apropiaciones económicas.

La filia no unifica o totaliza –Empédocles, como filósofo del Survivalismo Económico, el Proyecto de Génesis Griega y el régimen cosmogónico tratan de atribuirle unificación a la filia, como si tan siquiera pensar en la filia fuera un horror para la supervivencia económica, sus moradores, instituciones cosmogónicas de la génesis y el pensamiento antropológico-, ella enreda o perturba mediante su epidemia de lo abierto, subvirtiendo las dimensiones, removiéndolas, componiendo y mezclando unas con otras, empezando a colapsarlas. Ante esta extensión, traída a esta planicie de basada en la comunicación (la filia), lo necro (de necrofilia) yace completamente desnudo y abierto, infestado y mezclado con una inaudita participación basada en la vida y en los contagiosos enlaces de la filia. A través de estos destrozos interfiléticos de la filia (necrofilia, …) los niveles de análisis trascendentes y disecados (sean holísticos o divisorios), si no se tornan imposibles, se vuelven, al menos, extremadamente peligrosos;  la extracción (por ejemplo, extraer lo necro como muerte o como proceso mortificante de las ruinas interfiléticas de la necrofilia) se sumerge en los abismos insondables de la filia epidémica lo cual es igual a ser atraído e infestado, a ahogarse en este abismo composicional, a la contaminación (ser contaminado) o ser abierto por los vínculos de la filia. La contaminación demora el proceso de extracción o análisis en un nivel trascendental para no terminar. En la necrofilia, lo “necro” se desnuda y adquiere vida anónima bajo los vínculos epidémicos de un abierto contagioso (la filia) infectando las estrategias de la vida. La atracción, o más exactamente, los vínculos epidémicos es la funcionalidad de la filia (o el abierto epidémico) o, como Delueze y Guattari lo han remarcado,  “la atracción es el funcionamiento en sí mismo”[8] pero, en semejante abierto (y sus avatares, como la necrofilia) la atracción es una búsqueda de modos estratégicos (que no conoce carencia) donde, siempre, la búsqueda está activada. La sepulcral afirmación en la necrofilia es también una búsqueda de lo abierto, una aproximación anti survivalista a lo abierto y la comunicación: yacer abierto. La necrofilia es lo último en esta dimensionalidad desastrosa confeccionado por las multiplicidades y la proliferación de la filia como espacio creativo, no como concepto u horizonte de lo natural; es una cacería que se multiplica en los vínculos pestilentes de la filia y a través de las estrategias de guerra de la vida; ciertos segmentos e instancias de la necrocracia y de webs edipalizantes pudieran entrar y tratar de apropiarse este abierto virulento pero se encuentran atrapados, recompuestos y ablandados sin cesar por los enlaces de filia, enriqueciendo estratégicamente el campo de batalla, la dimensionalidad desastrosa de la elaboración del desorden. Infestada por la filia la muerte no se domestica: se torna rabiosa.

 La Muerte Germinal o El Mar de Niebla

Esa plaga epidémica que infesta y anonima totalmente la muerte es uno de los indicios investigados por el cine necrorealista ruso contemporáneo llamado Chernuka (negrura), fundado fundamentalmente por directores como Eugueni Iufit, los hermanos Aléynikov, Boris Youkanánov, Debil Kondrátiev, et al. Movimiento radical iniciado en Leningrado y fundamentalmente relacionado con la contracultura rusa de los 80´s. Los paisajes desolados del desastre económico, la falta de un cine de horror o de ciencia ficción futurista en una Unión Soviética colapsante y en la era post soviética, los intensos conflictos entre  el terror necroeconómico de una economía de supervivencia y el horror de la vida, el colapso de los mercados termoeconómicos y, finalmente, el proceso de fusión en frío de las instituciones necrocráticas, todo ello ha compuesto una web de heterogeneidades en red, innatural, ilocalizable y cronológicamente descontemporaneizada respecto a todo terror político-económico de décadas recientes o a  un futuro distópico; en una palabra, rendereando una geografía caótica tan terminal que cualquier solución occidental/oriental de descontaminación, económica o social ha probado ser tan inaplicable como peligrosa, y no para los anónimos laberintos de Rusia sino para los países occidentales y orientales. Encontrándose con una  oportunidad pestilencial tan grande, los artistas rusos comenzaron a investigar cómo la putrefacción de regímenes necrocráticos y sus formaciones de poder no tienen base dentro de la estructura de instituciones, el cuerpo arquitectónico o la supervivencia política, son, de hecho, exteriores a todo eso; cómo la solidez no se desecha y es reducida a Cero sino necrotizada y ablandada sin fin, se estrella en las superficies virtuales del Cero sin llegar a ser succionada por sus vórtices, creando su propio suelo económico, un (sin)suelo cuyas expansiones tectónicas son el Cero en sí mismo (p/o);  cómo la masculinidad no realiza el viaje de tornarse mujer como espacio de transformación sino que se roe a sí misma, apareciendo como una extrema ironía homofóbica y erótica de la imposibilidad de cualquier liberación que pueda anticiparse como final satisfactorio de la masculinidad; sin embargo, al considerar y graficar todo esto, no como ilustración de vacío de vida (una aproximación absurda o survivalista) o humillación como respuesta colectiva al desorden social y al problema de la subjetividad (una reacción basada en la crisis) sino como afirmación (que actúa como acompañante) de una vida que no apoya la supervivencia cuyos tentáculos quiebran la muerte mostrándola como una mera perversión colectiva, una filia que progresivamente va determinándose como el final de todo devenir o como el terminus ad quem del devenir; y es transmutada en una extensión colapsada que es exhumada, desflorada y filtrada por la vida (una vida antisuperviviente: no-vida) y por las redes, laberintos y enlaces de la filia: un espacio para el devenir, tan contagioso y epidémico que, como dice Nick Land, es una “Peste”[9], una “plaga de colapsos nucleares”[10] (similar al Síndrome Chino de Chernóbil)  que no sirve a la doctrina fluyente del flujo (deviniendo en fluvius) o a la transfiguración pseudoteológica (un devenir extraño en su reduccionismo y características, Eigentümlichkeit, que está imbuido de cierta sigilosa negatividad) que Catherine Malabou sospecha está relacionada con el devenir deleuziano[11], una multiplicidad terminal en la forma de evaporación, un devenir-GAS —GAS-becoming— donde las moléculas ya no juegan el rol de constituirse o designarse como agentes de los movimientos del flujo; se transforman en fuerzas desenterrantes y pestilenciales, plagas que consumen la superficie; todo lo que hacen es desenterrar (ungrounding, exhumation: ex + humus: ground), irreparable e imposible de deshacer; cada molécula se convierte en la miniatura de un terremoto portentoso. Esas evaporaciones —Gas-becomings— y los devenires desenterrados y anonimados no representan una “mera inserción en el ciclo de las metamorfosis”[12] que filtra las circulaciones furtivas del pseudo-flujo (donde el fondo se apropia del flujo) para localizar su temporalidad (transitoria) y apropiarse dinámicamente de las Utopías (estadíos o expresiones  de procesos metamórficos); por meta-morfosis se expresa un movimiento, temporal y dinámicamente, apropiado por el suelo que transita para generar una dinámica total y, de alguna manera, una formación ilocalizable; un movimiento no institucionalizado sino un mensajero de lo terrenal, movimiento forzado a transportar una formación (morphosis) para expresar dinámicamente el terreno, para esparcir las regulaciones del terreno tales como procesos fluviales y pluviales, sistemas de irrigación que fertilizan el terreno y arquitecturas hidráulicas (similares a las máquinas de guerra del Estado) que Wittfogel investigó en Oriental Despotism: a Comparative Study of Total Power (1963). En el Chernuka, como a través del anónimo y agreste horizonte ruso con su simplicidad de vértigo (o como Serguei Medvédev sugiere en The North or The_Blank_Space[13]), la muerte, como expansión terminal y parte de las máquinas deseantes se encuentra deshecha en los pestilentes y (exorbitantemente) despilfarradores enlaces de vida epidémica (la filia) que organiza desesperadamente nuevas estrategias de ‘abrirse a todo’ –usando los medios de sus estrategias de desenterramiento, afirmación y enlaces de filia- no un simple abrirse, como en el plano de ser abierto por ni tampoco ser lacerado, quebrado, picoteado y quedar abierto…entonces, empatando y filtrando lo que ha sido abierto mediante los enlaces de filia y los laberintos interfiléticos de la vida a través de los cuales el devenir funciona como una vermiculación, una máquina de enredos o un ingeniero de interdimensionalidades laberínticas. Una vez que la muerte contagia (y se contagia) con el verdadero horror satánico de la vida y sus estrategias de abrirse/afirmarse o los enlaces epidémicos de la filia –detonados por el autocolapso de toda economía de supervivencia y los regímenes necrocráticos- abrirse y ser abierto resulta horriblemente inexorable; la muerte exhumada y filtrada es reconstituida como principio de un nuevo devenir (anónimo-hasta-ahora) que estaba atrapado en los pestilenciales e interfiléticos enlaces de filia y vida; deviene en muerte germinal o devenir(es), desleal al Cero. Se le denomina muerte germinal porque posee intensidad germinal en su interior, ha sido infestada por y ha infestado una germinalidad que puede ser solo diagramada y percibida a través de la interdimensionalidad y la insondable epidemia de la filia y su abierto, y no solamente la vida dado que esta germinalidad con la que la muerte ha sido infestada no es el movimiento deleuziano de un cuerpo organizado a un ‘cuerpo sin órganos’, el vórtice del cero o la muerte, pues la muerte misma yace abierta (infestada, contaminada y picoteada) y des-terminada –desterminalized–(traída a un último abierto) debido al constante y progresivo proceso de desenterramiento liberado por  las máquinas deseantes o los agentes de plaga/epidemia de la filia; esta germinalidad es un Abierto total y peligrosamente epidémico, no es movimiento sino puro abierto (en el sentido de lo epidémico), no se mueve en tanto es un proceso absoluto de desenterrar el terreno o un horizonte que crea todos los principios tácticos (movimientos) y al mismo tiempo su posible domesticación (los movimientos, los flujos y los principios tácticos solo pueden trasladarse y fluir en la presencia de dimensiones, superficies y otros atributos del terreno[14], un abierto que infecta y atrae, simplemente irradiando apertura, su guerra contra lo cerrado es totalmente estratégica y no una táctica[15] que necesita el terreno como horizonte. De todas maneras, lo que hace de esta germinalidad algo germinal es que es un espacio de devenires y heterogeneidades que da pie a nuevas cosas (modos de poder, entidades, etc.) similar a la germinalidad que Deleuze diagrama; sin embargo, los principios de estos devenires desenterrados (de esta germinalidad desenterrada) no implican ya nunca más un devenir-muerte como su grado cero de intensidad (intensidad extinguible) o silencio final[16], pues, otra vez, la muerte ha sido des-terminada, infestada y fracturada. Lo abierto muerde el interior de la muerte, lo mastica y lo liquida con sus enzimas.

La muerte germinal es la muerte transmutada en nuevo devenir o, mejor, un espacio del devenir donde la muerte se supera a sí misma mediante un brutal proceso de apertura; la muerte se des-termina al transmutar en un devenir anónimo (e imperceptible) hasta para el cero, pero no exterior a él. La muerte sigue ocurriendo pero como mera perversión colectiva (una práctica infestada con sus propias intensidades anónimas y contaminadas), a través de los enlaces epidémicos y los laberintos interfiléticos de la filia. Esta es la razón por la cual el psicoanalista ruso Viktor Mazin considera al Chernuka y al necrorealismo como los paisajes anónimos de “mutua contaminación de vida y muerte”[17] o, como hemos dicho anteriormente, bases de la necrofilia. Cuando hasta la muerte es infestada la economía de supervivencia (y la necesidad de sobrevivir del cuerpo orgánico) como base de la necrofilia pierde todo su conservadurismo político económico, muta en una estrategia virulenta que profundiza el colapso de todo proceso estratificante de su suelo sagrado, actúa como un proceso desenterrante camuflado; las instituciones se transforman en máquinas desterritorializantes (como en el espacio post soviético). Aquí es donde la necrofilia (Chernuka) se libera como una brutal esquizoestrategia trabajando en el corazón de la paranoia como una fuerza desenterrante. Mediante la muerte germinal el sujeto survivalista o el avatar de la solidez no trata de sobrevivir sino que se ablanda progresivamente, para volverse un avatar definitivo de lo blando; sin embargo no escoge o pretende liquidar el flujo o el proceso convencional de des-estratificación –destratification–que se usa para molificar la solidez; instala la decadencia (lo cual se supone sea un proceso característico de los regímenes de muerte y destrucción, y de la raza edípica, tal como Deleuze advierte) como máquina de ablandamiento, como modo de reemplazar la supervivencia con una descomposición eterna y un proceso de pudrición, no en el plano de la paranoia sino como esquizoestrategia y anti-solidez. La descomposición y la decadencia se detienen debido a los límites que la muerte (o el gran vacío) dibuja, en la muerte germinal progresan y duran infinitamente. La decadencia surge como un proceso estratégico anti-rigidez que actúa mediante la paranoia, usando una des-estratificación brutal y fanática que resulta completamente peligrosa y, de alguna manera, desleal a la esquizofrenia y la paranoia; lo único que le importa es un delirio de blandura.

En este punto, el deseo por la muerte terminal no se duplica en el gran silencio de la marea cósmica de la entropía sino, como sugiere Nick Land, en la “Peste”.

En la pregunta trascendental, si devenir en muerto es el colapsar en cero de todos los devenires, entonces: ¿qué es ese Devenir que infecta a la muerte, la posee demoniacamente, la impregna y la infiltra, y con un movimiento turbulento desentierra la muerte mediante el abierto epidémico de la vida a través del cual  todo es excavado como si fuera una ruina interfilética o un laberinto de enlaces afirmativos? ¿Qué es el devenir muerte-infectada (muerte germinal) que pierde su terminalidad, se crucifica a sí misma en tanto devenir y deviene anónima incluso para el Cero pero no externa a él, una muerte quebrada por las estrategias afirmativas de una química satánica de vida que permite que las economías de supervivencia sean enterradas como parte de la ingeniería del desorden y desenterrado su gran diseño universal? ¿Es el Anónimo-hasta-Ahora (incognitum hactenus)?¿ O es una mentira o, como lo llamaron los antiguos Zoroastras, Druj-, el oscuro trastorno femenino, un despertar universal de la Madre de las Abominaciones –Druj– significa engaño o estrategia, la Madre de las Abominaciones (Mar de Niebla) o el demonio vivo de acuerdo con el Vendidad o las Leyes Anti-Druj del zoroastrismo—debido a cuyas fuerzas desenterrantes la supervivencia produjo una ceguera catastrófica a través de la oscura química de la vida?

Chernobog, Chernobil, Chernuka.

Llámesele Chernuka, Rusia contemporánea, Mar de Niebla (Madre de las Abominaciones) o muerte germinal, ello desentierra a la muerte hasta el punto en que ella (la muerte) no pude ser mapeada con la lógica y el plano del Afuera; y el Afuera, como horizonte que rige los principios de nuestro pensamiento, nuestra política, nuestra economía y, finalmente, nuestro horror final, pierde su creativa y significativa existencia. Caemos en una muerte expandida y yuxtapuesta (Non esse apud se) o en un desastre dimensional (una intimidad terminal como posesión demoníaca) en el que la muerte se halla más que próxima, asumiendo un proceso germinal de sí misma a través de la vida. La muerte deviene una  no-vida germinante. En este cataclismo del juicio, la muerte no puede servir al Afuera ni darse el inverso tampoco; el horror abandona al Afuera o Doble baudrillariano en sus océanos micóticos y deviene un proceso criptogénico que surge dondequiera que la filia germine. El ojo de Bataille, el ojo del Afuera, es revertido; deviene un ojo vaporoso. El culto al Ojo debe ser el culto a la filia, la Madre de las Abominaciones, a Chernuka y a la muerte germinal. Chernuka no insinúa que la muerte sea un outsider (ajeno) o que la muerte-ajena  –-death-outsider— sea el principio de su horror sino trata de explorar frenéticamente el espacio donde la muerte siempre se halla junto a uno en una intimidad diabólica de distancia cero y proximidades que se multiplican o, más precisamente, el nivel de posesión (poseer y ser poseído: desenterrado), pues la posesión (o infección demoníaca) es siempre la proximidad sin mesura, ni escala ni juicio (metron), una proximidad molecular. Esta muerte más que próxima –extra-proximal-(‘muerte al lado…’) ha sido diseminada en lugar de la muerte-ajena como un horror inminente a la vida que los regímenes necrocráticos y las economías de supervivencia han desenterrado progresivamente, una vida que irradia rabiosamente sus vectores de contagio, llevando a la necrocracia a la base de la necrofilia, transformado toda comunicación en una afirmación estratégica que conduce a un horrible e inevitable abierto (no un “estar abierto a” tal como los liberales y los economicistas entienden lo abierto sino como un ser lacerado, quebrado y yacer abierto).

Las entidades, las entidades interdimensionales de esta muerte germinal ya han inundado nuestra cultura popular, el género del horror, los video-juegos, la literatura, la internet y la vida cotidiana, detonando la aparición de nuevas entidades criptogénicas (desenterradas) y redes de poder, desleales a cualquier acercamiento o procedimiento de enterramiento.

Chernuka no es el negro, es una oscuridad creativa que invita a la ceguera como única forma de experiencia. Se halla más allá del juicio.

*De Dark Trajectories. Politics of the Outside, ed. de Joshua Johnson, [NAME]Publications, 2013. Versión al español de Otari Oliva Buadze.

 


 

[1] Pearson, Keith Ansell, Germinal Life: The difference and the repetition of Deleuze, London & New York Routledge, 1999

[2] Land, Nick, The Thirst for Annihilation: Georges Bataille and Virulent Nihilism, London & New York, Routledge, 1992, p.174

[3] Negarestani, Reza, “Pestis Solidus: On the Economy of Pseudo-flux”, 2002, http://www.cold-me.net/text/pestis.pdf

[4] Negarestani, Reza, “Conversation with Nick Land” in Homo.stasis: conversations, sin publicar.

[5] Negarestani, Reza, “Pestis Solidus: On the Economy of Pseudo-flux”

[6] Land, Nick, The Thirst for Annihilation: Georges Bataille and Virulent Nihilism, London & New York, Routledge, 1992, p.160-183

[7] Para mayor información sobre lo Abierto Epidémico (yacer abierto antes de estar abierto), Nietzsche y la estrategia de afirmación, ver: Negarestani, Reza, A Good Meal and Cata, 2002, http://www.cold-me.net/text/meal.html  y http://www.cold-me.net/text/cata.html

[8] Deleuze, Gilles y Félix Guattari, Anti Edipo: Capitalismo y Esquizofrenia, trad. R. Hurly, M. Seem, H.R. Lane, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1983, p. 330.

[9] Negarestani, Reza, “Converation with  Nick Land” en Homo.stasis:conversations, unpublished.

[10] Ídem.

[11] Ver Malabou, Catherine, “Who´s Afraid of Hegelian Wolwes?”, Deleuze: A Critical Reader, ed. Paul Patton, Oxford & Massacutes, Blackwell Publishers, 1996, p.114-138.

[12] Lyotard, Jean-Francois, Libidinal Economy, trad. Iain Hamilton Grant, Indiana, Indiana University Press, 1993, p.210

[13] Medvédev, Serguei, “The_Blank_Space: Glenn Gould, Russia, Finland and The North”, CTheory Online, 2000, http://www.ctheory.net/text_file?pick=128

[14] ‘f=p/a’ sugiere el vínculo entre los principios tácticos y el terreno, ‘f’ es flujo, ‘p’ es poder y ‘a’ es la representación de la superficie.

[15] Esta es una germinalidad de potencialidades contaminativas y contagiantes y no de tendencias destructivas.

[16] Sobre el mecanismo de envolver-en la muerte —death-developing machinery—(parte de las máquinas deseantes   ) toda intensidad, Deleuze y Guattari remarcan: “Ellas realizan la experiencia inconsciente de la muerte, en tanto que la muerte es lo sentido en todo sentimiento, lo que no cesa y no acaba de llegar en todo devenir — en el devenir-otro sexo, el devenir-raza, el devenir-dios, etc., formando las zonas de intensidad sobre el cuerpo sin órganos. Toda intensidad lleva en su propia vida la experiencia de la muerte y la envuelve. Y sin duda toda intensidad se apaga al final, ¡todo devenir deviene él mismo un devenir-muerte! Entonces la muerte llega efectivamente. ”

Para la versión en castellano se ha usado “Deleuze, Gilles y Félix Guattari, Anti-Edipo: Capitalismo y Esquizofrenia”, trad. Francisco Monge, Editor digital: gertdelpozo

ePub base r1.1, p.877-878.

[17] Mazin, Viktor, “Excerpts from Cabinet of Necrorealism”, Necrorealism: Contexts, History and Interpretetions, trans. Maria Jett, ed. Seth Graham, Pittsburgh, Russian Film Symposium, 2001, p. 28-52.