carne negra

Tu mism@

Manual de fanedición

Luis Ruid

Escribir un «manual» de fanedición me parece tan inútil como realizar un directorio de fanzines. Si en este caso nos las tenemos que ver con el transcurso efímero de estas publicaciones, la velocidad con que nacen, crecen, se reproducen y mueren, a la hora de redactar un manual de fanedición seguramente nos enfrentaremos con su naturaleza heterodoxa y heterogénea, espontánea, sin mediaciones y abierta a la imaginación. Voy a suponerle al fanzine estas cualidades, a pesar de que en la escena actual suena a estribillo de tópicos, por lo que voy a narrar una experiencia, mi experiencia con la fanedición, llena de arrebatos, altibajos y errores, y no a sentar unas premisas. Me ceñiré por tanto a la idea de un proyecto que toma forma en una conciencia individual, generalmente con pocos recursos y posibilidades de acceso al circuito oficial, que por eso opta por la fotocopiadora como medio de reproducción y que actúa voluntariosamente para anular estas limitaciones, extrayendo a veces algún estímulo de las mismas. Se puede vivir el mundo de los fanzines, por supuesto, con más indiferencia. O dejarse fascinar por la grati- ficación tecnológica de verte reproducido más allá de tu control. Pero propongo contemplar el fanzine desde sí mismo, menos como un proyecto o feto o aborto de revista y más como el salto al vacío que implica, un emocionante suicidio en escena al alcance de tod@s (pues, si no quiero salirme del tema, esta historia acabará necesariamente en tragedia). Igual el itinerario que propongo no es un itinerario práctico: que cada cual se busque la vida y lea las instrucciones en inglés.

¿Cómo que qué es un fanzine?

Yo no empezaría buscando una naturaleza o esencia del fanzine a través de una definición de tal cosa (ni la historia ni la etimología sirven mucho en este caso, para lo que importa se nos han olvidado). Está claro que es imposible ponerse de acuerdo en este punto. La lucha por las palabras tiene implicaciones económicas, los intereses políticos se mezclan con las palabras, y si éstas mencionan a un «medio de comunicación» que globalmente cataliza cierto «prestigio» o «encanto» social, que ocasionalmente se pone de moda y que es energetizado de modo autónomo por l@s más jóvenes, entonces todo dios busca un hueco en esa supuesta cantera de creador@s donde se concentra la fuerza.

Desde fuera el fanzine se ha hecho indiferenciable de la revista: la mayor accesibilidad de los medios desliza la diferencia desde la producción a la distribución (es ésta lo que en el fanzine sigue siendo artesanal de verdad), las revistas acceden a ser reconocidas como fanzines en la medida en que eso las acerca al tipo de cultura del que quieren ser cómplices. Desde dentro la caracterología del fanzine se descompone en un montón de impresiones diversas, que van desde el panfleto roñoso, destinado a desaparecer en la primera carga de la policía, hasta la revista que agrupa trabajos originales tratados manualmente por artistas, pasando por el boletín de contrainformación, la campaña promocional de una empresa discográfica, la agenda de direcciones fotocopiada para diversos menesteres, el cómic underground, el fotomontaje, e incluso ya existen libros, enciclopedias por entregas y catálogos de exposiciones que se proclaman fanzines. Parece que cualquier cosa pudiera serlo, sin que existan criterios de forma o contenido, tirada (de un sólo ejemplar personalizado a miles subvencionados), modo de composición (a mano, mecanografiado o mediante complejos programas informáticos de autoedición), periodicidad (irregular o inexistente), etc.

Instrumento procesual

Se asume que se dan en el fanzine ciertas condiciones de no comercialidad, y por ende, que el faneditor no es profesional, es un diletante, cuando no un abierto kamikaze contracultural con la conciencia alterada por las drogas o un simple idiota. Y por ahí podríamos comenzar. Todavía no hemos hecho el fanzine, todavía no sabemos lo que es. Los espacios descubiertos, las salidas de tono codificadas, la estructura es todo aquello contra lo que se define el fanzine. Para conquistar una identidad tu fanzine tendrá que superar todo eso. De hecho, me siento tentado a estipular que el fanzine no existe como cosa, sino como proceso que surte su propio encadenamiento de problemas y de retos. Es «hacer un fanzine»: lo que compras y lees desde la indiferencia ya no lo es. Es decir, que la principal diferencia no se sitúa del lado del producto (aunque esta diferencia es factible, previsible, deseable), sino del lado del hecho de que quien lo ha hecho hizo un fanzine y no una revista. Esto, que parece una tontería, tendrá sus aplicaciones a la hora de denunciar la simulación transgresiva del espectáculo en este terreno. Como producto acabado, son muy pocos los fanzines que exhiben sustanciales diferencias respecto a las publicaciones oficiales, a las que imitan. Como receptor casi debería preferir éstas, realizadas profesionalmente, con los medios adecuados  y las fuentes cualificadas; particu- larmente pocos son los que sacan provecho de su condición de fanzine, los que realizan un planteamiento previo del soporte, de las limitaciones y posibilidades con las que cuenta, tanto por lo que respecta a la edición como a la difusión y distribución.

Pensar

Por eso, aunque pensaba decirte que para empezar a definir un fanzine hay que ponerse a hacerlo, como dicen los Kikes, creo que lo mejor es que primero te lo pienses, que te lo pienses mucho. Varios meses a ser posible. Conviene que tengas algo que decir, aunque ya lo hayan dicho otros (dentro de una auténtica cultura popular esto es lo de menos) y que lo tengas más o menos claro. No resuelto, para qué entonces, pero sí que te hayas planteado a dónde y por dónde. Por un lado te dispones a tomar parte en la apasionante lucha por el lenguaje, terreno resbaladizo en el que serás tu peor enemigo. Ten en cuenta que al fundar un fanzine fundas un medio de comunicación, que te expones a ser malinterpretado, manipulado, y a manipular tú mismo, con más o menos conciencia, el lenguaje, los sucesos y la conciencia de un lector previsiblemente joven.

Tenlo claro

Pero lo fundamental es que sepas conjugar los fines que te propones con los medios de los que dispones, y determinar qué piensas sacar de tu aventura. No esperes que la gente esté esperando en la puerta de la fotocopiadora para aclamarte. Aunque se pone siempre de manifiesto el carácter inmediato y directo del fanzine como medio de comunicación, su consolidación en la escena es lenta, tarda a veces varios meses e incluso años en producir resultados gratificantes. La mayoría de los fanzines no logran superar los dos primeros números, sucumbiendo a la decepción que produce el primer contacto con la realidad. La realidad es fría, «el mercado de fanzines está saturado», la peña no está dispuesta a comprar lo que no conoce por las buenas y si encima lo que le ofreces pretende tener cierta personalidad sólo cosecharás perplejidad e incomprensión en un primer momento. Toda la mitología del fanzine se revela como un montaje de las discográficas independientes para poner de moda sus productos y no como la soñada herramienta de participación social y cultural. Casi con toda seguridad perderás dinero, tiempo y esfuerzo, bastante de cada cosa, puede que hasta supuest@s amig@s; los roces y resquemores se ponen antes de manifiesto que las sintonías, por eso es importante que tengas un enfoque claro y un propósito definido: te ayudará a superar los cíclicos momentos de crisis en que flirtearás con la renuncia; así como una valoración de lo que estás dispuesto a sacrificar (unas 20.000 pts. mínimo, la mayor parte de tu tiempo libre, bastante amor propio, todo ello a fondo perdido, sin que la palabra altruismo suene a otra cosa que a jarabe de pobre). A lo que tendrás que atender no es a cuánto puedes ganar, sino qué puedes permitirte perder. Si habías previsto una tirada y difusión crecientes y nadie compra tu fanzine, no se habla de él y te lo rechazan en las distribuidoras, ¿qué será de tu familia? ¿podrás soportarlo? ¿sublimarás este impulso erótico en odio? Me he arruinado un par de veces catapultando con entusiasmo ejemplares a futuros suscriptores de todo el estado que resultaron ser agujeros negros, y aunque muchos de estos envíos mostraron después buenos resultados, es necesario reconocer que el faneditor es un corredor de fondo obligado a calcular su esfuerzo y jugar con el límite, atento al flujo de un marcapasos que le descubre de qué manera es arte la economía. Te estoy hablando de la posibilidad de pasar por una experiencia muy amarga: la de la absoluta inexistencia social. O bien, del otro lado, el desvelamiento del sinsentido del espectáculo experimentado desde dentro, una vivencia que te impedirá disfrutar en los conciertos ya del mismo modo.

La cuenta

Una vez superados estos trances y decidido a sacar tu propio fanzine puedes mover una circular entre medios afines, gente de tu círculo o personas que estimes vayan a sentirse atraídas por tu proyecto, informando del nombre y características de la publicación y, posiblemente, solicitando colaboraciones. No te importe demasiado si no existe todavía una base firme: si los elementos ahogan tu iniciativa resultará bastante comprensible y, en último término, no pienses que sufrirá alguien por ello. Sentirás que calas más entre la gente que te quiere que entre aquella a la que tú supones que interesas. Más tarde ten-drás que librarte de eso, pero no dudes en aceptar esta ayuda en un primer momento, tanto en su formulación moral como material.

Todo es útil, nada es imprescindible

Cuantas más cosas tengas, mejor fanzine podrás sacar. Cualquier tipo de cosas. El fanzine es un útil soporte de reciclaje sin obligaciones fiscales. Puedes apropiarte de cualquier imagen, no debes permitir que las imágenes sobren. Con la entrada del concierto puedes encabezar el diseño del artículo sobre algún grupo. El periódico es un torrente de violencia cotidiana que hay que reflejar y subvertir. A veces te regalan en los restaurantes chinos un almanaque kitsch que en tu habitación quedaría horrible, pero puede resultar divertido para ilustrar tu fanzine. Procura disponer de un almacén de imágenes recicladas y tergiversadas que te hayan impactado, te servirán para dar en cualquier momento tu versión crítica sobre las mismas. Tener un taller es interesante sobre todo porque puedes disponer de espacio para acumular imágenes y objetos pendientes de recibir un sentido y un momento en el relato. En cualquier caso tampoco es imprescindible: hoy el fluido es imparable y siempre hay en el decorado instantáneo suficientes recursos.

En cuanto a los medios de edición se pueden enumerar una serie de recursos cuya utilización puede dar fuerza a nuestras ediciones, pero que pueden ser también eludidos con maña y buena voluntad. Entre ellos, sin duda es el ordenador el cada vez menos prescindible. A medida que se extiende el uso de esta herramienta pierde terreno lógicamente el fanzine editado a mano y máquina de escribir. Un buen procesador de textos con posibilidades de autoedición y diseño gráfico conforman el software básico, pero puede resultar también muy útil un scanner (hombre, lo ideal sería una máquina fotográfica digital de veinte mil duros), aunque sea manual, para disponer de imágenes propias. De todos modos, si vas a trabajar con fotocopiadora, casi resulta más eficaz el procedimiento de corta y pega o, en su caso, de reduce/aumenta, recorta y pega. Procura que las copias-base de imágenes con amplia escala de grises sean láser.

Conforme puedas ir consiguiendo herramientas como la grapadora profesional o la guillotina podrás ir dando a tu publicación un mejor aspecto. Lo que hacen estos artilugios es muy tonto y muy mecánico, pero resulta determinante para la presentación final. No obstante se trata de instrumentos caros que no te convienen si no esperas dar continuidad a su uso. Nosotr@s hemos sustituido la grapadora profesional hasta el momento por una convencional de escritorio y, como base, El País del viernes. Es necesario aplicar la grapa con habilidad, evitando que las puntas se cierren, y hacerlo después manualmente. Una vez que tus dedos parezcan los muñones de un yonqui ya habrás aprendido a cerrar las grapas con el mechero o la parte posterior de la grapadora a una velocidad más que aceptable. En cuanto a la guillotina, todo es cuestión de volverse otra vez con los ejemplares grapados a la fotocopiadora y sonreír mucho mientras la utilizas. Nosotr@s no lo hacemos o por pereza sino porque es una movida, porque que- remos reivindicar de alguna manera nuestro derecho a hacer de necesidad virtud.

Conseguir la mierda

Si estás tan bien dotado que puedes salir por imprenta directamente puede que el anterior planteamiento te haya parecido un poco ingenuo. Hemos elegido el medio fotocopia porque es el más accesible para tiradas de menos de 400 ejemplares. Si tu tirada es mayor y crees poder amortizarla puede que te interese hacer una revista. ¡No seas humilde! El fanzine no es más que un juego de niños, el fluido lúdico de quien no tiene obligaciones materiales. Está muy bien si no te cuesta dinero. Puede que tus planteamientos sean más serios y estén buscando su sitio en el mercado. En cualquier caso, aún ciñéndonos al fanzine desde donde éste se define con respecto a la revista, si no tienes ni siquiera esa cantidad o no quieres arriesgarla tendrás que valorar de qué manera pueden influir los modos de gestión en lo que editas. La publicidad impone una ética y una estética. Pedir el dinero a papá también condiciona. Puede que ninguno de los supuestos que circulan en tu fanzine esté en disonancia con los de papá o los de la publicidad, así ocurre con suma frecuencia, pero entonces me pregunto para qué ostias haces un fanzine.

Las fiestas-concierto suelen funcionar bien sobre todo en iniciativas de carácter colectivo en los espacios ocupados. En movimientos como el de ocupación o el de insumisión ha sido fundamental el intercambio de energías ideológicas y económicas entre los grupos musicales y las publicaciones para su sostenimiento mutuo, pero para levantar un constructo individual son un factor añadido de riesgo. Si tu fanzine no es una necesidad social específica en relación con ciertas causas o movimientos, sino solo una manifestación marginal de los mismos o ni siquiera, si no tienes demasiados amigos con algo que vender, lo mejor será que vayas poco a poco y no cifres el éxito del fanzine en la amortización de su costo.

Terapia okupacional

Una vez que dispones o no de los recursos técnicos y has recopilado, seleccionado y redactado los contenidos que formarán parte de tu publicación elabora un índice con estos contenidos y disponte a maquetarlos. Para nosotros maquetar es una cosa muy simple que se realiza con trozos de papel recortados y pegados sobre un soporte duro tamaño cuartilla que luego se montará del modo adecuado. No sirve de nada dar unas directrices sobre maquetación, toda vez que existen tantos recursos de composición, tamaños, formatos, temáticas, estilos y propósitos. ¿Qué te podemos decir? Que utilices pegamento en barra, las manos limpias (a no ser que quieras integrar el proceso de composición en el resultado), y que trates de disimular los bordes de los planos pegados raspando con un cutter o cerrando bien con el mismo pegamento en barra transparente. Cuando utilices el pegamento ten cuidado de no manchar con él los negros. Aunque estas manchas no resulten visibles a simple vista en el proceso de maquetación condicionan a veces la interpretación que hace la fotocopiadora. Si has optado por un formato grapado por el centro (siendo el más práctico tamaño cuartilla que nosotros utilizamos, porque es un folio doblado, o sea tamaño A-3 doblado) debes tener en cuenta que cada hoja doblada equivale a cuatro páginas en la revista, por lo que el número total de páginas ha de ser múltiplo de cuatro, y que el proceso de composición rompe el orden secuencial. Para no perderte puedes hacer una maqueta pequeña en blanco con trozos de papel numerados e índice de contenidos. La cubierta y la contraportada estarán en la misma cara de una hoja de papel. Debes continuar maquetando así, de fuera a adentro, siguiendo el orden determinado en el ejemplar-guía.

A la hora de maquetar debes dejar un margen algo más amplio en la parte interior de cada página, la más cercana al eje de la grapa, como de medio centímetro. Salvo que no te importe la pérdida de márgenes (por ejemplo en fondos y otros elementos no directamente significantes) no debes aprovecharlos demasiado, pues es difícil de prever al milímetro la entrada del papel en la bandeja de la fotocopia.

Suéñalo, Diséñalo

Te puede interesar hacer una hoja volandera para morir sin pena y extenderse como un virus o un material de peso para guardar y consultar. En el primer caso optarás por el formato de boletín copy and pass, tipo Molotov, que en el circuito de contrainformación permite la difusión a gran escala de mensajes que no aparecen sostenidos por grandes estructuras mediáticas. En el segundo será interesante que lo adornes con alguna pijadita fetichista que le de carácter de objeto único; la mitología del fanzine ha generado ya sus propios anticuarios y su leyenda, a la gente le gusta pensar que hasta cuando compra fanzines está invirtiendo. La limitación en las tiradas permite integrar procesos manuales en la composición: numeración de ejemplares, rastros de color, un sello adhesivo o de caucho o una performance papirofléxica seducen y humanizan la comunicación. La fotocopia plantea sus limitaciones, pero tiene también sus recursos y ofrece generosamente su peculiar belleza (su mecánica?): el montaje permite la combinación de unidades de texto e imagen, puedes enriquecer tu maqueta usando transparencias, trabajar los fondos con texturas diversas… Tu fanzine no tiene por qué ser tan rígido y textual como el Amano: nuestro volumen de ventas demuestra que hay lenguajes más directos. En cualquier caso trata de buscar tu propia voz: puede que estés destinado a inventar algo.

El principio de realidad

Después de recopilar, redactar, maquetar, chequear, fotocopiar, pagar las fotocopias, volver con dos cajas de Kanguros al hombro hasta tu casa y graparlos ya no te queda casi fanzine ni espacio en la casa donde meter tanto papel. Hasta el momento de ver ese patético filtro de realidad inútilmente multiplicado todo parecía tener sentido y objetivo. Es ahora cuando sabes lo que es el miedo, adviertes que l@s amig@s murmuran preocupad@s a tus espaldas, tratando de no ser l@s culpables de tu derrape, y ni siquiera ell@s saben tanto como tú de qué manera estás tratando con el absurdo.

Sin embargo ya no hay retorno: tienes que difundir, esto es, distribuir (je, je) todo ese fango, adquirir largas serpientes de sellos de gelatina para tus envíos de material regalado a otros medios para que el mundo sepa que existes, comprar billetes de metro para ir a cobrar el fanzine que un colega tuyo se compró en El Aventurero, si es que no te ha mentido por teléfono… a no ser que las cosas te vayan inesperadamente bien, en cuyo caso jamás querrás dejar de llamar fanzine a lo que haces y habrás demostrado que, si has logrado ser un buitre en esto de la fanedición, lograrás serlo en cualquier faceta de la vida, pues haber hecho fanzines no es ninguna profesión de fe libertaria que quepa tomarse demasiado en serio, sino una manera de madurar que se ha puesto de moda y como tal, de alinearte en el bando de los cabrones o en el de los gilipollas. Como en los toros, como en el ciclismo y en el rock son much@s los que sueñan y poc@s los que se aprovechan de los sueños de tod@s. Conozco a alguno que se ha comido celosamente todo ese material hasta el momento de poder deshacerse de él una mañana temprano, cuando nadie se acuerde de sus faroles de juventud. Es una buena decisión. Al fin y al cabo, después de hecho es cuando sabes que un fanzine no es sino eso que era mientras se hacía, y que una vez hecho se habrá transformado en material de primera mano o en residuo contaminante. Quizá venderlo sea lo menos productivo, quizá lo más productivo sea el intercambio de experiencias y deseos que has mantenido con otr@s creador@s y el proceso en el que has ido conformando tu propia visión de las cosas. Pues incluso «l@s mejor nacid@s» lo han hecho hoy en un mundo bastardo, y no nos vale con digerir la ley tal y como pesa: cada un@ de nosotr@s se ha visto lanzado a componer su propio bricolage de referentes en un mundo vaciado (o viciado) de ellos, a buscar y revindicar su padre maldito, el futuro desplazado, aquél que era salvaje y acabó borracho. Como él, querrás tener un día un fracaso que contar, un trayecto de experiencias propias que trasciendan el plano de lobotomía. El fanzine sale, como los granos, en un momento de tu vida en que nada está todavía totalmente perdido. Después de hacerlo sabemos que no es sino un trayecto hacia un@ mism@ a través de los otr@s.

¿Y tú me lo preguntabas?

 


En: Amano #7, junio de 1997