Reflexiones alrededor del “Manifiesto por una Política Aceleracionista”

Ezequiel Suarez, "Movimiento Rebelde/Rebel Movement" Pintura, Óleo sobre lienzo

Antonio Negri

El “Manifiesto por una Política Aceleracionista” (MAP) (1) comienza con un amplio reconocimiento del dramático escenario de la crisis actual: el Cataclismo. La negación del futuro. Un apocalipsis inminente. ¡Pero no temáis! No hay nada político-teológico aquí. Cualquiera que se sienta cerca de algo así no debe leer este manifiesto. Tampoco aparecen ninguno de los shibboleths del discurso contemporáneo, mejor dicho, solo parece uno: el colapso del sistema climático planetario. Y aunque es importante, aquí está completamente subordinado  a las políticas industriales, y solo es posible acercársele desde una base crítica en relación a estas. Lo que es el centro del Manifiesto es “el incremento de la automatización en los procesos de producción ”, incluyendo la automatización de la “labor intelectual”, lo cual explicaría la crisis secular del capitalismo. 2 ¿Catastrofismo? ¿Un malentendido alrededor de la noción de Marx de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia? 3 Yo no diría eso.

Aquí, la realidad de la crisis se identifica como la agresión neoliberal contra la estructura de la relaciones de clase que fue organizada en el estado de bienestar en los siglos diecinueve y veinte;, y la causa de la crisis descansa en la obstrucción de la capacidad productiva por las nuevas formas que la dirección capitalista debe asumir contra las nuevas figuras del trabajo vivo. En otras palabras, el capitalismo debe reaccionar y bloquear, ante y contra el potencial político del trabajo post-Fordista.

A esto le sigue una dura crítica a las fuerzas gubernamentales de derecha, y a una buena parte de lo que queda de la Izquierda –últimamente con frecuencia ilusionada (en el mejor de los casos) con una nueva e imposible de resistencia keynesiana, incapaz de imaginar alternativas radicales. Bajo estas condiciones, el futura parece haber sido cancelado mediante la imposición de una total parálisis del imaginario político. No es posible salir de modo espontáneo de esta condición. Únicamente un acercamiento sistemático basado en las clases sociales para la construcción de la nueva economía, junto con una nueva organización política obrera, hará posible la reconstrucción de la hegemonía y pondrá en manos proletarias un posible futuro.

¡Aún hay lugar para saberes subversivos!

El inicio de este manifiesto es congruente con la misión del comunismo en el presente. Representa un decidido y decisivo salto hacia delante –necesario si deseamos entrar en el terreno de la reflexión revolucionaria-. Pero sobre todo, da una nueva “forma” al movimiento, con “forma”, significando aquí, un aparato constitutivo pleno de potencialidad, que apunta a quebrar el horizonte represivo y jerárquico del capitalismo contemporáneo apoyado por el estado. No trata sobre una regresión general de la forma-estado, antes refiere potencialidad contra el poder –biopolítica contra biopoder-. Es bajo esta premisa que la posibilidad de un futuro emancipador se opone a la actual dominación capitalista. Y aquí podemos experimenta con la fórmula “Uno se divide en Dos” que constituye hoy la única premisa racional de las praxis subversivas (antes que su conclusión)4.

Dentro y Contra las Tendencias Capitalistas

Demos una mirada a como la teoría del MAP se desarrolla. Su hipótesis es que la liberación del potencial del trabajo contra el bloqueo determinado por el capitalismo debe ocurrir dentro de la evolución del mismo capitalismo.  Trata perseguir el crecimiento económico y el desarrollo tecnológico (ambos acompañados del crecimiento de las desigualdades sociales)  en interés de provocar un inversión total de las relaciones de clase. Dentro y contra: el tradicional refrán del Obrerismo regresa.5 El proceso de liberación solo puede suceder acelerando el desarrollo del capitalismo, pero –y esto es importante- sin confundir aceleración con velocidad, 6 porque aquí la aceleración tiene toda las características de un mecanismo, de un proceso experimental de descubrimiento y creación dentro del marco de posibilidades determinadas por el capitalismo.

En el Manifiesto, la concepción marxiana de “tendencia” es acompañada con un análisis espacial de los parámetros de desarrollo: una insistencia en el territorio como “terra”, en lo relativo a todos los procesos de territorialización y desterritorialización, típicos de Deleuze y Guattari. La cuestión fundamental aquí es el poder del trabajo cognitivo que está determinado y reprimido por el capitalismo; constituido por el capitalismo pero reducido dentro del crecimiento de la automatización algorítmica de la dominación; ontológicamente valorizado(ello incrementa la producción de valor), pero desvalorizado desde un punto de vista monetario y disciplinario (no solo dentro de la crisis actual sino también a todo lo largo de la historia del desarrollo y la gestión de la forma-estado). Con todo el debido respeto a todos aquellos que cómicamente aún creen que las posibilidades revolucionarias deben relacionarse con el renacimiento de la clase obrera del siglo XX, tal potencialidad clarifica que aún estamos lidiando con una clase, aunque diferente, y una dotada con un poder mayor. Es la clase del trabajo cognitivo. Esta es la clase a liberar, esta es la clase que debe liberarse a sí misma.

En ese sentido, la recuperación del concepto de tendencia del marxismo y el leninismo es total. Cualquier ilusión “futurista”, por así decirlo, ha sido eliminada, desde que la lucha de clases es lo que determina, no solo el movimiento del capitalismo, sino también la capacidad de transformar su máxima abstracción en una sólida máquina de guerra.

El argumento del MAP está completamente basado en esta capacidad de liberar las fuerzas productivas del trabajo cognitivo. Debemos remover cualquier ilusión de regreso al trabajo fordista, debemos sujetar, por último, la forma de la hegemonía del trabajo material a la hegemonía del trabajo inmaterial. Por lo tanto, considerando el control del capital sobre la tecnología, es necesario atacar “el incremento de la aproximación retrógrada del capital hacia la tecnología.”7. Las fuerzas productivas se encuentran limitadas bajo el mando del capital. La cuestión central consiste, entonces, en liberarla las fuerzas productivas latentes, tal como el materialismo revolucionario siempre ha hecho. Es en esta “latencia” que debemos habitar hoy.

Pero antes de hacerlo, debemos notar como el Manifiesto vuelve su atención con insistencia al tema de la organización. El MAP despliega una fuerte crítica contra las concepciones de “horizontalidad” y “espontaneidad” desarrolladas dentro de los movimientos contemporáneos y contra el entendimiento de la “democracia como proceso”.8 De acuerdo con el Manifiesto, estas son meras determinaciones fetichistas de la democracia que no tienen consecuencias efectivas (destituyentes o constituyentes) sobre las instituciones que gobierna el capitalismo. Esta última afirmación resulta quizás excesiva, considerando el actual movimiento de oposición (aunque no posee ni alternativas ni herramientas adecuadas) contra el capitalismo financiero y sus materializaciones institucionales. Cuando esto llegue a ser una transformación revolucionaria, ciertamente no podremos evitar una fuerte transición institucional, una más fuerte que la que cualquier horizontalismo democrático pudo nunca proponer. La planificación es necesaria –tanto antes como después del salto revolucionario- en orden de transformar nuestro conocimiento abstracto de la tendencia en un poder constituyente de instituciones postcapitalistas y comunistas por venir. De acuerdo con el MAP, tal “planificación” ha dejado de constituir el mando vertical del estado sobre la sociedad de la clase trabajadora; en cambio, hoy, esto debe asumir la forma de convergencia entre capacidades productivas y direccionales dentro de la Red. Lo siguiente debe ser asumido como una tarea a elaborar posteriormente: planear la lucha viene antes de planear la producción. Discutiremos esto más adelante.

La Reapropiación del Capital Constante

Regresemos a nuestro asunto. Antes que nada, el “Manifiesto por una Política Aceleracionista” trata sobre liberar el poder del trabajo cognitivo sacándolo de su latencia: “¡Aún no sabemos con seguridad qué puede hacer un cuerpo tecnosocial moderno!” Aquí el Manifiesto insiste en dos elementos. El primer elemento es lo que yo llamaría “reapropiación del capital constante” y la consecuente transformación antropológica del sujeto trabajador.9 El segundo elemento es sociopolítico: esa nueva potencialidad de nuestros cuerpos es esencialmente colectiva y política. En otras palabras, la plusvalía añadida en la producción se deriva principalmente de la cooperación socialmente productiva. Este sea quizás el pasaje más crucial del Manifiesto. 10 Con una actitud que atenúa el humanismo presente en la crítica filosófica, el MAP insiste en las cualidades materiales y técnicas de la reapropiación corpórea del capital constante. Cuantificación productiva, modelización económica, enormes análisis de datos, y los más abstractos modelos cognitivos son todos apropiados por los sujetos trabajadores a través de la educación y la ciencia. El uso de modelos y algoritmos matemáticos no hace de ellos una característica propia del capital. No es un problema de las matemáticas –es un problema de poder-.

Sin dudas hay cierto optimismo en el Manifiesto. Esa percepción optimista del cuerpo tecnosocial no es muy útil para la crítica de las complejas relaciones entre el hombre y la máquina, sin embargo, este maquivélico optimismo nos ayuda a sumergirnos en la discusión sobre la organización, lo cual es lo más urgente hoy en día. Una vez que la discusión ha sido traída de vuelta el tema del poder, ello conduce directamente al tema de la organización. . Dice el MAP: la Izquierda debe desarrollar hegemonía socio-tecnológica –“plataformas materiales de producción, finanzas, logísitica y consumo pueden ser y serán reprogramadas y reformateadas hacia fines post-capitalistas.”11 Sin duda, hay aquí una sólida confianza en la objetividad y la materialidad, una suerte de Dasein del desarrollo –y consecuentemente cierto menosprecio de elementos sociales, políticos y cooperativos que asumimos cuando coincidimos en el protocolo básico de “Uno se divide en Dos”. No obstante, este menosprecio no debe impedirnos reconocer la importancia de adquirir las mejores técnicas empleadas por el mando capitalista, tanto como el trabajo abstracto, en interés de devolverlas a una administración comunista actuada por “las cosas en sí”. Entiendo el pasaje sobre hegemonía tecnopolítica en este sentido: primero debemos madurar todo el complejo de potencialidades productivas del trabajo cognitivo en pos de avanzar hacia una nueva hegemonía.

Una Ecología de Nuevas Instituciones

En este punto, el problema de la organización está apropiadamente planteado. Como ya se ha dicho, una nueva configuración entre red y planificación es propuesta contra un extremo horizontalismo. Contra cualquier pacífica concepción de la democracia como proceso, una nueva atención muda de los medios (el voto, la representación democrática, el estado constitucional, etc.) hacia los fines ( emancipación colectiva y autogobierno). Obviamente, loa autores no repiten ilusiones nuevas sobre el centralismo y reinterpretaciones vacías sobre la “dictadura del proletariado”. El MAP no pierde la oportunidad de aclarar esto proponiendo  una suerte de “ecología de organizaciones”, insistiendo en un cuadro de múltiples voces que entran en resonancia unas con otras y por lo tanto se las arreglan para producir mecanismos de toma de decisiones colectivas lejos de todo sectarismo. Uno puede tener dudas sobra esa propuesta, uno puede reconocer dificultades que son mayores que las felices opciones que se nos están ofreciendo. Sin embargo esta es una dirección a explorar. Resulta más claro incluso hoy, al final del ciclo de lucha que comenzó en 2001, que nos ha mostrado a todos sus límites insuperables con relación a sus formas de organización en sus enfrentamientos con el poder, a pesar de su fuerza y de sus nuevo contenido revolucionario.

El MAP propone tres objetivos urgentes que son apropiados y realistas para los tiempos que corren: primero que nada, construir una nueva infraestructura intelectual que apoye un nuevo proyecto ideal y el estudio de nuevos modelos económicos. Segundo, organizar una fuerte iniciativa en el terreno de los medios de comunicación dominantes: la Internet y las redes sociales indudablemente han democratizado la comunicación y han sido muy útiles en las luchas globales, pero la comunicación aún permanece subyugada a sus formas más tradicionales. Este objetivo se transforma en un enfocarse en recursos substanciales y toda la energía posible en orden de poner en nuestras manos medios de comunicación adecuados. El tercer objetivo es activar toda forma institucional posible de poder de clase (transitorias y permanentes, políticas y unionistas, globales y locales). Una constitución unitaria del poder de clase solamente es posible  mediante el ensamblaje e hibridación de todas las experiencias desarrolladas hasta ahora, y de todas aquellas que están por inventarse.

Una aspiración de la Ilustración –“el futuro necesita construirse”- recorre todo el Manifiesto. 13 También resuena una política prometeica y humanista. Este humanismo, sin embargo, va más allá de los límites impuestos por la sociedad capitalista, está abierto a utopías post-humanas y científicas, reviviendo los sueños de exploración espacial del siglo XX o concibiendo  barreras inexpugnables contra la muerte y los accidentes de la vida. La imaginación racional debe ser acompañada por fantasías colectivas sobre nuevos mundos, organizando una sólida auto-valorización del trabajo y la sociedad. La época más moderna que hemos experienciado nos ha mostrado que en ella no hay nada más que un Dentro de la globalización, que no existe más un Afuera. Hoy, sin embargo, reformulando nuevamente la cuestión de reconstruir el futuro, tenemos la necesidad – y también la posibilidad- de traer el Afuera hacia adentro, de insuflar una poderosa vida en el Adentro.

¿Qué podemos decir sobre este documento? Algunos de nosotros lo perciben como un complemento aglosajón de la perspectiva de post-obrerismo –menos inclinado a revivir un humanismo socialista que a desarrollar un nuevo humanismo positivista-. El término “aceleracionsimo” es ciertamente desafortunado, en tanto inscribe un sentido de “futurismo” en algo que no es futurista en lo más mínimo. El texto es indudablemente oportuno, no solo en su crítica a la “real” socialdemocracia y el socialismo, sino también en su análisis de los movimientos sociales desde 2011. Plantea, con extrema solidez, el tema de la tendencia en el desarrollo capitalista, y la necesidad de su reapropiación y ruptura. Sobre esta base, intenta la construcción de un programa comunista. Estas son unas piernas fuertes con las cuales se puede avanzar mucho.

En el Umbral de las Tecno-políticas

Algo de crítica puede ser útil en este punto para reabrir la discusión y empujar el argumento adelante, hacia puntos de encuentro. Primeramente, hay demasiado determinismo en este proyecto, tanto político como tecnológico. La relación con la historicidad ( o, si se prefiere, con la historia, la contemporaneidad, la praxis) está probablemente distorsionada por algo que no nos inclinamos a llamar teología, pero que luce como la teología. La relación con las singularidades y, por lo tanto, la capacidad de entender la tendencia como determinación virtual (implicando singularidades), y materiales (que presiona la tendencia hacia delante) como un poder de subjetivización, me parece que se ha subestimado. La tendencia puede ser definida solamente como una relación abierta, como una relación constitutiva que se encuentra animada por sujetos de clase. Puede objetarse que esta insistencia en lo abierto puede guiar hacia efectos perversos, por ejemplo, a un marco tan heterogéneo que se torne caótico y por tanto irresoluble –una multiplicidad hipertrofiada y tan gigantesca que constituya una mala infinitud-. Indudablemente tal “mala infinitud” es lo que el post-obrerismo e incluso A Thousand Plateaus parecen muchas veces proponer. Este es un punto difícil y crucial. Vamos a ahondar posteriormente al respecto.

Para este problema, el MAP ha propuesto una buena solución cuando ubica una antropología transformativa de los cuerpos de los obreros justo en el centro de la relación entre sujeto y objeto (lo que yo llamaría la relación entre la composición técnica y la composición política del proletariado, estando tradicionalmente acostumbrado a otra terminología)14. De esa manera la deriva del pluralismo hacia una “mala infinitud” puede ser evitada. No obstante, si deseamos seguir en este tema –lo cual creo es útil y decisivo- debemos romper con la implacable progresión de la tensión productiva con la que el Manifiesto cuenta. Tenemos que identificar los umbrales del desarrollo y consolidar tales umbrales –lo que Deluze y Guattari podrían llamar agenciamientos colectivos-. Estas consolidaciones son la reapropiación del capital constante y la transformación del poder del trabajo, consisten en antropologías, lenguajes y actividades. Estos umbrales, históricamente constituidos, surgen en la relación entre la composición técnica y política del proletariado. Sin esas consolidaciones, un programa político –por transitorio que pueda ser- es imposible. Precisamente, porque no podemos clarificar la relación entre la composición política y técnica del proletariado, es que nos encontramos metodológicamente desamparados y políticamente sin poder. Recíprocamente, estas son las determinaciones de un umbral histórico y la conciencia de una modalidad específica de relaciones tecno-políticas, que permiten la formulación de un proceso organizacional y un apropiado programa de acción.

Advertencia: plantear este problema implica elevarlo a cómo definir mejor el proceso en el cual la relación entre lo singular y lo común crece y se consolida (confirmando la naturaleza progresiva de la tendencia productiva). Necesitamos especificar qué es lo común en cualquier ensamblaje tecnológico, mientras desarrollamos un estudio específico de antropología de la producción.

La Hegemonía de la Cooperación

Regresando a la cuestión de la reapropiación del capital constante: como he señalado, en el MAP, la dimensión cooperativa de la producción ( y particularmente la producción de subjetividades) está subestimado en relación al criterio tecnológico. Poniendo a un lado los parámetros técnicos de la producción, el aspecto material de al producción, de hecho, describe la transformación antropológica del poder del trabajo. Insisto en este punto. El elemento cooperativo se torna central y conducente a una posible hegemonía dentro de un conjunto de lenguajes, algoritmos, funciones y saberes tecnológicos que constituyen el proletariado contemporáneo. Esta declaración proviene de notar que la estructura en sí de la explotación capitalista ha cambiado. El capital continúa explotando pero, paradójicamente en formas limitadas –comparado con su poder de extracción del plustrabajo de la sociedad como un todo-. De todos modos, cuando nos volvemos conscientes de esta nueva determinación, comprendemos que el capital constante (i.e. la parte del capital directamente invertida en la producción de plusvalía) se establece esencialmente en una plusvalía determinada por la cooperación. Esta cooperación es algo inconmensurable: como dijo Marx, no es la suma de la plusvalía de dos o más trabajadores sino la plusvalía producida por el hecho de que trabajan juntos (en dos palabras, la plusvalía que está más allá de la suma).15

Si asumimos la primacía del capital extractivo sobre el capital explotativo (incluyendo naturalmente lo más reciente sobre lo más antiguo) podemos llegar a algunas conclusiones interesantes. Brevemente mencionaré una. La transición entre el fordismo y el post-fordismo fue una vez descrita como la aplicación de la “automatización” a la fábrica y la “informatización” a la sociedad. Lo último es de tremenda importancia en el proceso que lleva a una completa (real) subsunción de la sociedad dentro del capital –la informatización está, de hecho, interpretando y liderando esta tendencia-. La informatización es, de hecho, más importante que la automatización, la cual, por sí misma, en ese momento histórico específico, se las arregló para caracterizar una nueva formación social en un modo parcial y precario. Tal como el Manifiesto aclara y la experiencia confirma, hoy hemos rebasado ese punto. La sociedad productiva aparece no solo globalmente informatizada, este mundo social computarizado está en sí mismo reorganizado y automatizado de acuerdo al nuevo criterio de manejo del mercado laboral y los nuevos parámetros jerárquicos en el manejo de la sociedad. Cuando la producción está socialmente generalizada mediante el trabajo cognitivo y el saber social, la informatización permanece como la forma más valuable de capital constante, mientras la automatización deviene en el cimiento de la organización capitalista, enlazando a ambos, la informática y la sociedad de la información, consigo mismo. La tecnología informática se encuentra entonces subordinada a la automatización. El gobierno de algoritmos capitalistas está marcado por esta transformación de la producción.

Nos hallamos, por tanto, en un nivel más alto de subsunción. Entonces, el gran rol jugado por las logísticas, después de haber sido automatizadas, comienza a configurar cualquier y toda dimensión territorial del gobierno capitalista, y a establecer jerarquías internas y externas en el espacio global, tal como lo hace la maquinaria algorítmica que centraliza y manda, mediante grados de abstracción y ramas del saber, con variables de frecuencia y función –ese complejo sistema de conocimiento que desde Marx nos hemos acostumbrado a llamar Intelecto General-. Ahora, si el capitalismo extractivo expando su poder de explotación extensivamente a cualquier infraestructura social e intensivamente a cualquier grado de abstracción de la máquina productiva ( a cualquier de las finanzas globales, por ejemplo) será necesario reabrir el debate sobre la reapropiación del capital constante dentro de un espacio teórico y práctico apropiado. La construcción de nuevas luchas será medida de acuerdo a tal espacio. El capital constante puede ser, potencialmente, reapropiado por el proletariado. Es este potencial el que debe ser liberado.

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La Moneda del Común y la Rehúsa al Trabajo

Un último tema –omitido en el MAP pero enteramente congruente con su argumentación teórica- es “la moneda del común”. Los autores del Manifiesto está muy al tanto de que hoy, el dinero tiene la función particular –como mecanismo abstracto- de ser la forma suprema de medición del valor extraído de la sociedad mediante la subsunción real de la sociedad actual por el capital. El mismo esquema que describe la extracción/explotación del trabajo social nos fuerza a reconocer el dinero como: medida-dinero, jerarquía-dinero, planificación-dinero. Esta abstracción monetaria, como tendencia del devenir-hegemónico del capital financiero, también apunta a formas potenciales de resistencia al mismo nivel de altura. El programa comunista para un futuro post-capitalista debe ser llevado sobre este terreno, no solo avanzando en la reapropiación proletaria de la riqueza, sino construyendo un poder hegemónico –así trabajamos nosotros sobre “el común” que es la base tanto de la más alta extracción/abstracción del valor del trabajo como de su universal en dinero. Este es hoy el significado  de “la moneda del común”. Nada utópico, es en cambio una indicación programática y paradigmática de cómo anticipar, dentro de las luchas, un ataque a la medición del trabajo impuesta por el capital, a las jerarquías del trabajo excedente (impuestas directamente por los jefes), y a la distribución social y general de las ganancias impuestas por el estado capitalista. Al respecto hay todavía una gran cantidad de trabajo por hacer.

Para concluir, (¡pienso que aún quedan tantas cosas por discutir!), ¿qué significa atravesar la tendencia capitalista de rabo a cabo y derrotarlo en el proceso? Pongamos  solo un ejemplo: eso significa, hoy, renovar el eslogan de “Rehúsa al Trabajo”. La lucha contra la automatización algorítmica debe captar positivamente el incremento de  la productividad que se encuentra determinada por ella, y esto, entonces debe forzar reducciones drásticas del tiempo del trabajo disciplinado o controlado por las máquinas y, al mismo tiempo, esto debe significar una aceleración substancial del aumento salarial. Por un lado, el tiempo al servicio de autómatas debe ser nivelado de forma equitativa para todos. Por otro lado, un salario mínimo ha de ser instituido de forma tal que traduzca cualquier cantidad de trabajo en un reconocimiento de una participación equitativa de todos en la construcción de la riqueza colectiva. De esta manera, cualquiera será capaz de incrementar libremente su mejor cpacidad para su propia joie de vivre  (recordando la apreciación que Marx hacía de Fourier). Todo esto debe ser inmediatamente reclamado mediante la lucha. En este punto no debemos olvidar abrirnos a otro tema: la producción de subjetividad, el uso agonístico de las pasiones, y las dialécticas históricas que esto abre contra el gobierno del capitalismo y los soberanos.


*En el número anterior del fanzine publicamos el Manifiesto Por Una Política Aceleracionista, en esta ocasión nos complacemos ofrecer algunas reflexiones de Antonio Negri sobre el particular. La versión al castellano, de Otari Oliva, se realizó sobre una previa versión al inglés de Matteo Pasquinelli, el texto original se redactó en italiano y fue publicado por Euronomade.

1-El “Manifiesto por una Política Acelaracionista” (2013) de Alex Williams y Nick Srnicek puede consultarse en http://syntheticedifice.wordpress.com/2014/03/13/accelerate-manifesto-for-an-accelerationist-politics/

También en el número 2 de Carne Negra fanzine.

2-MAP 01.02.

3- La “tendencia a la baja de la renta” es un problema clásico de la economía política. Según la fórmula de Marx, describe la implosión potencial del capitalismo debido a la baja de la renta a largo plazo. Ver Karl Marx, El Capital, tomo 3, capítulo 13.

4-La expresión “Uno se divido en Dos” se refiere a la irreversible división en clases que ocurre en el capitalismo. El término se originó específicamente en la China de Mao durante los 60´s para criticar cualquier recombinación con el capitalismo(“Dos se combinan en Uno”). Ver Mladen Dólar, “One Divides into Two”, e-flux journal 33(marzo 2012) http://www.e-flux.com/journal/one-divides-into-two/

5-Desde que Mario Tronti escribiera su ensayo sobre la llamada fábrica social (“La fabricca e la società,” Quaderni Rossi, no.2 [1962], y a través de toda la tradición del Obrerismo Italiano, la expresion “dentro y contra el capital” significa que la lucha de clases opera dentro de las contradicciones que el desarrollo capitalista produce. La clase obrera no está “fuera del capital”, tal como la lucha de clases es el verdadero motor del desarrollo capitalista.

6-MAP 02.02.

7-MAP 03.03.

8-MAP 03.13.

9-En Marx (y tradicionalmente dentro de la economía política), “capital fijo” se refiere al dinero invertido en activos fijos, tales como edificios, maquinaria e infraestructura (en oposición al “capital circulante”, que incluye la materia prima y el salario de los trabajadores). En el post-fordismo este capital puede incluir información tecnológica, medios de comunicación personal, tanto como bienes intangibles como software, patentes y formas de conocimiento colectivo. La “reapropiación del capital fijo” se refiere por tanto a la reapropiación de la capacidad productiva (también bajo la forma de valor y bienestar) por los colectivos obreros.

10-MAP 03.06.

11-MAP 03.11.

12-MAP03.15.

13-MAP 03.24

14-La noción de composición de la clase fue introducida por el Obrerismo Italiano para superar el trillado debate sobre la “conciencia de clase” típico de los 60´s. La composición técnica se refiere a todo forma material y cultural que adquiere el trabajo en un régimen económico específico; la composición política se refiere al choque con estas formas y su transformación en un proyecto político. Una composición técnica dada no conduce automáticamente a una virtuosa recomposición política.

15-Un ejemplo canónico: “La suma total de la fuerza mecánica ejercida por obreros aislados difiere de la fuerza social que es desarrollada cuando muchos brazos cooperan operación indivisa”. Karl Marx, El Capital, tomo 1 (London: Penguin, 1976), 443.


Crédito de imágenes: Ezequiel Suarez, “Movimiento Rebelde/Rebel Movement”
Pintura, Óleo sobre lienzo
Imagen 2: Ezequiel Suarez