Manifiesto Off-Moderno

Svetlana Boym, Leaving LA 2, (2003) Svetlana Boym, Leaving LA 2, (2003)

Tecnología Nostálgica: Notas para un Manifiesto Off-Moderno

Svetlana Boym

1. Margen de error

“No es mi culpa. Ha ocurrido un error de comunicación”, me informa la computadora con acento de Lady Victoria. Primero se excusa, después me urge a prestar atención, a revisar las conexiones, a seguir cuidadosamente las instrucciones. No lo hago. Saco prematuramente el papel de la impresora, dañando la imagen, dejando sus errores, líneas fugaces, y manchas de tinta y huellas de mis manos sobre la superficie glaseada del papel profesional. En una ocasión la computadora, desorientada, deletreó una advertencia sobre una imagen: “No Copiar”, una marca de agua involuntaria que emergió de las profundidades de su perturbada memoria. Los errores de comunicación hacen de cada impresión algo irrepetible e impredecible. Yo colecciono errores de la computadora. Un error posee aura.

Errar es de humanos, dice un proverbio romano. En la jerigonza avanzada de la tecnología el espacio de la humanidad es relegado a los márgenes de error. La tecnología, se nos dice, es absolutamente fiable, si no fuera por el factor humano. Al parecer hemos recorrido todo el círculo: ser humano significa errar. Sin embargo, el margen de error es nuestro margen de libertad. Es una opción dentro de las múltiples opciones programadas para nosotros, una interacción excluida de la interactividad computacional. El errar es una oportunidad de encuentro entre nosotros y las máquinas en el que nos sorprendemos mutuamente. El arte del error computacional no está relacionado ni con la alta ni con la baja tecnología. Es tecnología rota. Se escapa tanto del progreso tecnológico como de la obsolescencia tecnológica. Cualquier artista amateur puede permitírselo, costearlo. La nueva tecnología del arte es una tecnología rota, dañada.

 ¿O debemos llamarla disfuncional, errática, nostálgica? La nostalgia es una añoranza por un hogar que ya no existe, que nunca ha existido. Este hogar no existente es similar al ideal de un apartamento compartido donde arte y tecnología cohabitan como vecinos amistosos o primos. Techne, después de todo, una vez se refirió a las artes, a la artesanía y a la técnica. Ambos, arte y tecnología, fueron imaginados como formas de prótesis humanas, como miembros perdidos, extensiones imaginarias o físicas del espacio humano.

Muchas invenciones tecnológicas, incluidas las películas y las naves espaciales fueron primeramente visionadas por la ciencia ficción, imaginados por artistas y escritores, no por científicos. El término “realidad virtual” fue, de hecho, acuñado por Henri Bergson, no por Bill Gates. Y se refiere, originalmente, a las realidades virtuales de la imaginación humana que no pueden ser imitadas por la tecnología. En los inicios del siglo XX la frontera entre arte y tecnología era particularmente fértil. Los artistas de las vanguardias y los críticos usaron la palabra “técnica” para referirse a un dispositivo distanciante del arte que desnuda el medio y nos hace ver el mundo nuevamente. Posteriormente, la cultura publicitaria se apropió de las vanguardias como de un estilo, como si fuera una moda mercadeable que domestica, no como algo que se distancia de la utopía del progreso. El nuevo cine hollywoodense usa las tecnologías más avanzadas para crear efectos especiales. Si las técnicas artísticas revelan los mecanismos de la consciencia, los efectos especiales nos domestica en la ilusión y la manipulación.

¿Ha devenido el arte en algo al margen, una simple nota al pie en la historia de la humanidad? En los Estados Unidos es la tecnología, no la cultura, lo que se considera como espacio de innovación. El arte, al parecer, ha abusado de la hospitalidad que se le ha brindado. Pero los artistas amateurs, inmigrantes de patrias desintegradas, sobreviven contra todas las apuestas. A menudo cruzan las fronteras ilegalmente y, como repo-men diaspóricos, tratan de re-poseer lo que una vez les perteneció, reconquistar el espacio del arte.

Los artistas amateurs no aspiran ni a la novedad ni a las corrientes tardías. Los prefijos “avant” y “post” aparecen ambos caducados o irrelevantes en esta actual era mediática. Lo mismo sucede con la ilusión de lo “trans”. Esto no significa que uno deba tratar, desesperadamente, de formar parte. Hay otra opción, no estar afuera sino off. Es algo que se parece a estar fuera de escenario (off-stage), desafinado (off-key), fuera de ritmo (off-beat) y, ocasionalmente, indispuesto (off-color).  Uno no tiene que ser absolutamente moderno, como soñara Rimbaud alguna vez, sino off-moderno. Un movimiento lateral del alfil sobre el tablero de ajedrez. Un desvío hacia algunas de las posibilidades inexploradas del proyecto moderno.

El arte tecnológicamente dañado no implica destrucción. En ocasiones llego a golpear a mi computadora, le doy algunas nalgadas, la empujo hacia sus límites. Quiero manejarla manualmente, tal como un artesano maneja sus herramientas pero sin la fe que tienen los artesanos en sus materiales. Sin embargo nunca he deseado aniquilar mi computadora y retornar a la ansiedad de plumas goteantes y manchas de tinta en las hojas cuadriculadas de mi infancia. La tecnología rota no es Ludista sino lúdica. Reta a la destrucción con el juego.

Svetlana-Boym-Leaving LA 2003 2


2. Sombras cortas, superficies sin fin.

En los inicios del siglo XX el fotógrafo francés Jacques-Henri Lartigue quiso que la fotografía hiciera aquello que precisamente no podía hacer: registrar el movimiento. El desenfoque en la imagen es un error fotográfico, nostalgia por aquello que la fotografía no puede ser, una añoranza por el cine. Sin embargo la fotografía no debe volverse tan parlanchina como el cine. La fotografía ofrece una narrativa elíptica sin finales felices. Sus breves potencialidades narrativas tal vez no podrán encontrar jamás guionistas y productores. Siempre existirá alguna que otra nube, una grieta en la superficie de la fotografía, una sombra corta que evade la trama.

Con su inimitable lucidez oblicua Walter Benjamin escribió sobre la importancia de las sombras cortas. Ellas “no son más que agudos bordes negros de las cosas, listas para retirarse en silencio, sin que las noten, hacia sus madrigueras, su ser secreto”. Las sombras cortas hablan sobre los umbrales, nos advierten sobre ser demasiados cortos de vista o de volar demasiado alto. Cuando nos acercamos demasiado a las cosas, sin respetar sus sombras cortas, nos arriesgamos a obliterarlas, pero si nos aproximamos considerando el tamaño de la sombra, entonces podemos disfrutar las cosas por sí mismas. Las sombras cortas nos urgen a revisar el balance entre cercanía y distanciamiento, a no confiar ni en aquellos que hablan sobre las esencias de las cosas ni en aquellos que predican simulaciones conspirativas.

 El arte tecnológicamente dañado es un arte de sombras cortas. Lleva nuestra atención hacia las superficies, los bordes y los umbrales. En mis diez años de viajes he acumulado cientos de fotografías de ventanas, puertas, fachadas, patios, rejas, arcadas y crepúsculos de diferentes sitios, todo almacenado en bolsas plásticas bajo mi buró. He re-fotografiado mis viejas tomas con mi cámara digital y el sol de otro espacio y lugar dibuja nuevas sombras sobre la una vez reluciente superficie ahora manchadas con té de limón y huellas digitales de amigos indiferentes. Trato de no usar los efectos especiales de Photoshop, no porque crea en la autenticidad de lo artesanal, sino porque tampoco confío en la creencia conspirativa sobre la simulación universal. Deseo aprender de mis propios errores, dejarme errar. Llevo las fotos a nuevos entornos físicos, las habito nuevamente, ocasionalmente desviándome de las reglas de exposición a la luz y foco.

Al mismo tiempo observo a los ready-mades del mundo exterior, collages “naturales” y doble exposiciones ambiguas. Mis fotografías más engañosas suelen ser “tomas directas”. Nadie las toma por lo que son, pues estamos lastrados con sospechas postimagen.

Hasta hace muy poco preservamos nuestra fue ingenua en el testimonio fotográfico. Confiábamos en las fotografías que capturaban aquello que Roland Barthes llamó “el ser ahí” de las cosas. Para bien o para mal ya no lo seguimos haciendo. Ahora las imágenes se nos aparecen como si siempre estuvieran alteradas, algunos píxeles perdidos aquí y allá, borrados por alguna conspiradora mano secreta. Por otra parte, ya no analizamos más estas imágenes mistificadas mas nos resignamos a su mimosa hipnosis. El arte tecnológicamente dañado revela el grado de nuestra auto-pixelización, pone al desnudo los efectos hipnóticos de nuestra razón cínica.

Svetlana-Boym-Leaving Sarajevo 2002-2004


3. 
Misiones, tránsitos.

Estamos rodeados por los anónimos edificios de nuestra modernidad común, otra parte del Estilo Internacional no conmemorado con obras maestras pero habitados en las afueras de Varsovia, Petersburgo, Berlín, Bratislava, Zagreb, Sofía. Estos edificios, usualmente imposibles de distinguir unos de otros, inclusive en mis propias fotografías, componen un ornamento anticuado de la cultura global. Pero esto solo es a primera vista, por supuesto. Si miramos de cerca observaremos que no hay ventanas, o balcones, o paredes blancas iguales. Las gentes en estas anónimas moradas desarrollan matizados lenguajes de pequeñas variaciones, exponen singulares e irrepetibles tomas de sus vidas ordinarias: un cortinaje bordado medio alzado, una pantalla polvorienta en colores retro de los 60´s, un búcaro que conoció días mejores, una pieza de un atrevido calzón cuelga de una cuerda por aquí y por allá. Los habitantes de estos edificios sueñan con otros lugares, enfermos de nostalgia y enfermos de sus casas. Los platos de las antenas satelitales están desparramadas por los balcones en ruinas como flores del desierto.

Svetlana-Boym-Leaving Split 2002-2003


4. Un crítico, un amateur

En los 80´s los artistas soñaron con volverse curadores y tomaron prestado de los teóricos, ahora los teóricos sueñan con convertirse en artistas. Decepcionados con sus respectivas especializaciones disciplinarias, emigra cada uno al territorio del otro. El movimiento lateral nuevamente. Ni hacia delante ni hacia atrás, sino hacia un lado. Las tomas editadas del amateur ya no son excluidas sino puestas lado a lado con las no editadas. No se ya cómo llamarlas, porque hay poco consenso en estos días sobre lo que son estas tomas.

Pero la misión  de los amateurs continúa. Un amateur, tal como lo entendía Barthes, es aquel que constantemente desaprende y ama, no posesivamente, sino tiernamente, inconstantemente, desesperadamente. Agradecido de cualquier epifanía trascendental, un amateur no es codicioso.

 


(*) Si bien nos parece que, en castellano, la traducción de la partícula off del inglés, en el caso particular del término off-modern, puede ser relacionada con el prefijo de- (similar a de-sambiguar, de-formar, etc.), y con ello construir la expresión “de-moderno”, creemos que, atendiendo a las consideraciones sobre la traductibilidad del término en cuestión expresadas por la misma autora –The Off-Modern Panic Manifesto for 2010– es más pertinente usar la expresión de off-moderno.